Hechos muy caros a nuestros sentimientos hoy nos convoca:
La inauguración oficial del edificio de nuestra escuela, la
recepción de la bandera de ceremonias y el padrinazgo del Banco Hipotecario
Nacional. Es un momento feliz ver plasmado el sacrificio y el tesón de
tantas personas que se han mancomunado en este esfuerzo, como así también el
apoyo y colaboración que nos han brindado las autoridades nacionales y
municipales. Si, esto es el fruto de la voluntad de muchos:
muy especialmente de la Asociación Vecinal del barrio
presidente Sarmiento y la Asociación Cooperadora de la escuela, la de
barrios vecinos, el cuerpo de profesores y personal administrativo, los
alumnos, padres y todos los que sin medir tiempo y esfuerzos colaboraron
desinterasadamente en esta empresa de poner en marcha la escuela.
quiero en este acto destacar nuestro agradecimiento al
arquitecto Juan María Cáceres Monié, quien fue nuestro gran amigo, quien
tanto bregó por esta escuela y a quien la muerte lo separó físicamente de
nosotros, impidiéndole ver concretado este proyecto que abrazaba con
particular emoción. Agradecemos muy especialmente al Banco Hipotecario
nacional y sus autoridades por haber asumido el padrinazgo de esta escuela
donándonos asimismo la bandera de ceremonias que nos acompaña, a la vez que
los felicitamos por sus primeros 100 años de vida tan ligados ya, a la
historia del país.
Nos ha llegado tiempo presentar prolijamente nuestra escuela,
hemos querido que la vean lo más bella posible y es por eso que nos hemos
demorado en este acto, por lo que también pedimos disculpas.
siempre una escuela que se inicia nos llena de alegría, por
aquí pasarán muchos jóvenes con muchos sueños y proyectos y saldrán formados
hombres con una profesión que les permitirá integrarse a la comunidad.
La escuela debe formarlos integralmente, resaltando los
valores de la convivencia, el compañerismo y la solidaridad, el apego por el
sentir nacional y por los valores que a lo largo de la historia nos han
acompañado.
Sabermos la enorme responsabilidad que nos toca, el deber
dirigir a estos jóvenes por el camino del bien y del conocimiento. Aceptamos
con orgullo este papel docente que nos permite participar con amor en una
tarea tan querida y enriquecedora.
Toda escuela que se inicia proyecta la vida, la esperanza, es
un embrión de pujanza y progreso que el país todo debe recoger y proteger,
porque así garantizará su propia existencia.